Se puede pagar con tarjeta
Pagamos con tarjeta prácticamente todo, transporte incluido, sin un solo problema en restaurantes, tiendas, templos ni museos. Solo necesitamos efectivo en tres momentos: un puesto de comida callejera, una cafetería en el mirador de Oedolgae y una excursión donde nos avisaron por adelantado.
Con dos retiradas de cajero en quince días fuimos sobrados. Saca algo al llegar para la T Money y para imprevistos, pero no cargues con mucho.
Madruga si quieres fotos
En los sitios más fotografiados se juntan bastantes personas esperando su turno en el punto exacto desde el que sale la foto. Vimos gente con trípode ocupando el sitio diez minutos, montando y repitiendo la toma con calma.
A primera hora te llevas la foto del palacio vacío, esa que sale limpia y sin nadie. Tres horas más tarde la misma foto sale con veinte personas dentro. No es tener foto o no tenerla, es la diferencia entre las dos fotos.
Los cafés son enormes y hay uno en cada esquina
Un tamaño mediano de allí es un grande de aquí, y salen ardiendo. De las cadenas, la más barata con diferencia fue Mega Coffee: dos cafés por unos 3 a 5 €, frente a los 6 a 9 € de las demás por lo mismo. La calidad nos pareció igual de buena.
Y merece la pena dejar huecos libres solo para entrar en cafeterías temáticas. La mejor que vimos estaba dentro de un acuario, en un centro comercial de Seúl.
Desayunar cuesta más de lo que parece
Nuestro plan era desayunar de konbini todos los días. El problema: casi todos los sándwiches llevan queso, y lo que no lleva queso suele ser dulce. Con una alergia al queso de por medio, encontrar algo salado y sencillo fue sorprendentemente difícil y acabamos entrando en varios konbini seguidos.
La buena noticia: casi todos los restaurantes tienen opciones no picantes. La idea de que en Corea no se puede comer si no aguantas el picante es falsa.
Cómprate un parasol el primer día
Si vas en época de sol, cómpratelo nada más llegar. Nosotros lo hicimos a mitad de viaje y no entendimos por qué habíamos aguantado tanto. Allí es lo normal y se venden en cualquier sitio.
Y tiene premio doble: nos sirvió también para la lluvia, así que te ahorras cargar con paraguas aparte.
Los hoteles: agua gratis y toallas pequeñas
Es normal que te dejen agua en la habitación y te la repongan, así que no hace falta ir comprando botellas. Las toallas, en cambio, son bastante más pequeñas de lo que esperábamos.
Y en varios hoteles nos dejaron productos de skin care, no solo gel y champú. Corea se toma el cuidado de la piel muy en serio y se nota hasta en un hotel normalito.
Se puede ir tranquila a cualquier hora
Hay cámaras de seguridad por todas partes, y en ningún momento tuvimos sensación de inseguridad: ni de noche, ni en zonas vacías, ni volviendo tarde al hotel.
Importa porque Corea se pone interesante de noche: los arroyos y puentes se iluminan, los mercados siguen llenos y la gente sigue en la calle a horas a las que aquí ya no queda nadie.
En vuelos largos, mira la aerolínea
Elegimos el vuelo largo por ser directo, pensando que sería lo más cómodo. Y las pantallas no funcionaban: doce horas y media sin entretenimiento se hacen eternas.
En cambio, en un vuelo interno de una hora nos dieron zumo y había pantallas funcionando. La próxima vez no optimizaremos solo por directo: en un trayecto tan largo, la aerolínea pesa más que la escala.