Busan y Gyeongju
Busan es completamente distinta de Seúl: más abierta, más marinera y con la montaña metida dentro de la ciudad. Y a un día de tren está Gyeongju, que fue capital durante casi mil años y hoy es un campo de túmulos funerarios. Tres días entre el mar y la historia.
Días 7 a 9Día 07 martes, 19 de mayo 239.000 ₩
KTX a Busan, Gamcheon y el barco de noche
KTX a Busan Lotte Gwangbok Gamcheon IT Cafe Playa de Haeundae Isla de Dongbaek Bahía de Busan en barco
Cogimos el KTX de la mañana para bajar a Busan, y aquí va el primer aviso, que es serio: íbamos con la maleta grande y por los pelos la pudimos subir. El espacio para equipaje del vagón es reducido y ya estaba lleno de maletas.
Habíamos valorado que nos la enviaran directamente al hotel, pero salía por unos 200.000 ₩, así que corrimos el riesgo. Nos salió bien, pero pudo salir mal. Si viajas con maleta grande, procura entrar de los primeros o asume el coste del envío.
Llegar a Busan fue un choque enorme. El olor a mar nada más salir a la calle, los puestos de pescado fresco en plena acera, la luz distinta. Otro rollo completamente distinto a Seúl.
Después del check-in nos fuimos a comer al centro comercial Lotte Gwangbok, que además tiene un mirador gratuito en la última planta.
Para subir a Gamcheon hay que coger un bus verde de barrio, el Seogu 2. No está nada bien indicado cuál es, y ahí nos ayudó un señor coreano que se paró a explicárnoslo hasta que lo entendimos. Se paga con la T Money sin problema y te deja arriba del todo, que es justo donde quieres empezar.
Y ahora el consejo del que más nos alegramos. Nada más llegar fuimos en dirección contraria a la gente, hacia el IT Cafe (커피잇집), que habíamos leído que tenía vistas increíbles del barrio y que no es tan conocido. Acertamos: entramos sin cola, cogimos buen sitio y las fotos salieron estupendas mientras todo el mundo se agolpaba en el otro lado.
Ya después sí, salimos a hacernos la foto típica con el Principito, que mira el barrio desde un muro, y a pasear por las calles pintadas, las escaleras de colores y los murales.
Al salir tiramos hacia la playa de Haeundae. Decidimos ir en bus porque íbamos con tiempo, y fue un error: tardamos muchísimo. Tuvimos que ver la playa y la isla de Dongbaek demasiado rápido para no perder el barco. Visto en retrospectiva, ahí había que haber cogido un taxi.
El paseo en barco nos encantó. Está muy bien organizado y ver Busan de noche desde el agua, con el puente Gwangan iluminado y los rascacielos reflejados, es precioso. Lo recomendamos mucho. Al terminar te dan un regalito muy majo que no vamos a contar, por si te animas y no queremos chafarte la sorpresa.
Un apaño que funcionó: compramos comida para llevar en el centro comercial y cenamos antes de subir al barco. Marta probó el gimbap y está realmente bueno, además de ser buena opción para comer así, de pie y al aire libre.









Día 08 miércoles, 20 de mayo 270.218 ₩
El templo sobre el mar bajo un diluvio
Haedong Yonggungsa Sky Capsule desde Cheongsapo Lotte Gwangbok Mercado de Jagalchi BIFF Square
Nos despertamos con el cielo muy nublado, y no era paranoia: ese día llovió a base de bien. Aun así acabó siendo un buen día, en parte gracias a la lluvia.
Fuimos al templo Haedong Yonggungsa y pudimos verlo un rato antes de que empezara a diluviar. Es un templo distinto a todos los que habíamos visto: casi todos los templos coreanos están en la montaña, y este está literalmente sobre las rocas del mar, con las olas rompiendo debajo.
Nada más llegar te encuentras las figuras de los signos del zodiaco, en piedra y en fila, que nos gustaron mucho. Y subiendo unas escaleras hay un Buda enorme que merece la subida.
No pudimos verlo entero: había una zona en obras y no dejaban pasar. Aun así, lo que vimos valió la pena de sobra.
Y aquí tuvimos suerte: cuando se puso a diluviar, pillamos un buen sitio en la cafetería del propio templo, que tiene vistas al mar. Nos quedamos allí descansando y haciendo fotos mientras pasaba la tormenta. Si te pilla lluvia en Yonggungsa, ese es el refugio.
Al salir hicimos un paseo muy tranquilo por la zona del aparcamiento, con bambús, que casi nadie hace porque está fuera del recorrido obvio.
De ahí a Cheongsapo para coger las cápsulas del Sky Capsule. Nos preocupaba que la lluvia lo cancelara y no fue así. La visibilidad no era la mejor, evidentemente, pero las fotos con lluvia tienen un encanto distinto: el mar gris, el puente entre la niebla y las cápsulas de colores. No nos arrepentimos.
Al bajar la lluvia era ya imposible, no se podía estar en la calle. Entramos en el primer sitio que vimos y comimos una barbacoa coreana, esta vez de cerdo, bastante más económica que la de Seúl y también muy buena, mientras veíamos por la ventana cómo el temporal iba a más.
Así que pedimos un Uber de vuelta y nos pasamos la tarde en el centro comercial Lotte Gwangbok: tiendas, zona de restauración, probar cosas. Subimos al mirador a pesar de la lluvia, y se nota que tiene que ser espectacular, aunque nuestras fotos son un muro de nubes. El centro comercial también tiene un espectáculo de luces en su fuente, pero justo estaba en obras.
Al salir nos pasamos por el mercado de Jagalchi, que de entrada no nos decía nada y acabó sorprendiéndonos: tantísimos tipos de pescado, y tan fresco que los peces saltaban de los tanques. Es una de esas visitas que no esperas disfrutar y disfrutas.
Cenamos por la calle de BIFF Square, que estaba vacía por la lluvia y sin los puestos de comida fuera. Nos metimos en Abiko y comimos un tonkatsu espectacular. De vuelta al hotel, empapados y contentos.














Día 09 jueves, 21 de mayo 228.000 ₩
Gyeongju en doce horas
Daereungwon Cheomseongdae Bulguksa Seokguram Hwangnidan-gil
Excursión de doce horas desde Busan a Gyeongju, que fue la capital del reino de Silla durante casi mil años. Es el único día del viaje en el que nos avisaron por adelantado de llevar efectivo para pagar la comida, así que sacamos en el cajero la víspera.
El centro de Gyeongju está sembrado de túmulos funerarios: colinas de hierba perfectas, enormes, en mitad de la ciudad. Al lado está Cheomseongdae, un observatorio astronómico del siglo VII que sigue en pie. Y a las afueras, el templo Bulguksa y la gruta de Seokguram, los dos Patrimonio de la Humanidad.
Aquí vimos en directo por qué conviene madrugar. En los túmulos se juntaba bastante gente esperando turno para hacerse la foto en el punto bueno, con trípodes montados y diez minutos por persona. Si llegas temprano te lo ahorras entero.
Lo que echamos de menos fue más tiempo en Hwangnidan-gil, la calle comercial de casas tradicionales llena de tiendas y cafeterías. Pasamos con prisa y se quedó en nada. En una excursión guiada el ritmo lo marca el grupo, y esa fue la parada que se llevó el recorte. Si volviéramos, dormiríamos una noche en Gyeongju.

